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19.01.2024

CUENTO SISTÉMICO: “La llegada de ‘Crisis’ a la familia”

La vida en la familia Leal-Fiel podría ser tachada por algunos como monótona, pero la realidad es que todo transcurría en ella con aparente normalidad: una relación de pareja sin conflictos importantes –más allá de los habituales por las rutinas de la convivencia-; una hija y un hijo formales y estudiosos; un abuelo jubilado –padre del marido  y único superviviente parental de la pareja- que vivía con ellos sin interferir y que colaboraba en el cuidado de los nietos; prosperidad; salud;… ¡En fin!, nada que reprocharle a la vida y que pudiera desestabilizar la edificación sólidamente construida por el matrimonio y sus familias de origen.
Entonces, un día normal en la vida familiar, ocurrió algo: estando todos en casa, cada cual entretenido en sus quehaceres cotidianos, llamaron a la puerta… Acudió a abrir el Sr. Leal que quedó sorprendido al encontrar en el otro lado del umbral a una mujer de mediana edad, con ropas gastadas, el pelo lacio y la mirada sufrida y con ojeras, que le llamó por su nombre y le pidió, por favor, entrar unos minutos para poder hablar con la familia y, especialmente con su padre, de algo importante que les concernía a todos. Bloqueado ante el imprevisto, el hombre no supo que decir y le permitió el paso y la acompañó al salón, invitándola a sentarse. Después llamó a todos y se reunieron allí, con sorpresa ante la presencia de la desconocida. La mujer comenzó a expresarse con voz reposada y lenta:
- Mi nombre es “Crisis”. Convivía con mi madre en un hogar humilde hasta que falleció el año pasado, de una neumonía, dijeron, aunque yo sé que, finalmente, la pena que arrastró toda su vida la consumió.
Nunca conocí a mi padre y mi madre tampoco quiso contarme sobre él. Pero, tras su muerte, encontré escondido un diario en el que quiso relatar su historia y entonces supe la verdad de lo que le había ocurrido: de muy jovencita se quedó embarazada de un muchacho al que amaba y, aunque él quiso casarse con ella, sus padres, que eran de buena posición,  se negaron a ese plan que alteraba todas las decisiones que habían tomado para su hijo y le hacían sumirse en la deshonra. Así que ofrecieron dinero suficiente a mi madre para que abortara y se marchara a otro lugar, lejos de la ciudad. El muchacho asintió a la decisión de su familia, así que mi madre asumió su dolor y se marchó, pero quiso tenerme y cuidarme y así lo hizo, lo mejor que pudo, ganándose la vida a duras penas para que yo fuera adelante. Se prometió guardar silencio sobre lo ocurrido, pero vivió en soledad y tristeza, porque no tenía familia conocida y tampoco conoció otro hombre ya que su amor siguió intacto siempre. De hecho, siguió la vida de su amado desde la sombra y registró todo en su diario y es por eso que yo he llegado hasta aquí. Ahora estoy enferma y me queda poco tiempo de vida y no he querido marcharme de ella sin conocer a mi padre que es usted –dijo señalando al abuelo.
Al oír esto el abuelo, que siempre había sido tranquilo, aunque taciturno, se sobresaltó y pasó de la tristeza a la cólera, recriminando a aquella mujer de loca y de desvergonzada al haber llegado para alterar su paz y la de su familia y, enseguida, la agarró del brazo y la sacó por la puerta pidiéndola, enfurecido y entre gritos,  que se fuera y no regresara más, a lo que la mujer, habituada al abandono y la actitud poco compasiva hacia ella, simplemente contestó:
- Así lo haré, yo sólo quería conocerle y pensaba que  tal vez usted también se alegraría de que fuera su hija, fruto de aquel primer amor que no pudo continuar y me diera, así,  un lugar en su familia antes de marcharme de esta vida. Siento si les he molestado y le doy las gracias por haberme recibido.
El abuelo cerró la puerta y se quedó descolocado ante las palabras de la chica, pero siguió negando la historia ante la familia, afirmando que estaba claro que le había confundido con otra persona o que estaba trastornada.
Después de aquel hecho, la familia continuó con su vida, olvidando aparentemente todo lo que había ocurrido; pero ya nada volvió a ser lo mismo pues, en breve, empezaron a pasar cosas: el abuelo estaba serio, despistado y olvidadizo, como en otro mundo. La hija mayor cayó enferma y el hijo pequeño empezó a tener problemas en los estudios. El matrimonio parecía distanciado, pues el Sr. Leal estaba raro y hablaba poco desde la visita de “Crisis”.
Un día, la Sra. Fiel, que también estaba revuelta desde lo ocurrido, descubrió un mensaje extraño en el teléfono de su marido, acompañado de múltiples llamadas a aquel número desconocido. Tiró del hilo y descubrió que su esposo le era infiel desde hacía muchos años. Éste no tuvo más remedio que confesar que se veía desde siempre con una mujer, su primer amor de joven del  que, como en el caso contado por Crisis, tuvo que tomar distancia ante la insistencia de sus padres y la amenaza de desheredarle, haciendo que, finalmente, se casara con la Sra. Fiel, que era de buena posición. Pero él nunca pudo olvidar a su gran amor y, al poco de casarse, se encontraron de nuevo y siguieron manteniendo su relación, aunque en secreto.
La Sra. Fiel lloró amargamente, pero agradeció la sinceridad de su marido. Reconoció que ella tampoco se casó por amor, pero había aprendido a quererle con el tiempo y abandonar sus ilusiones y sus proyectos de futuro, de cuando era joven.  Pero también le quedó el anhelo de lo que podía haber sido su vida si no se hubiera casado de forma tan precipitada.
El padre del Sr. Leal, que había escuchado la conversación, entró en la sala y, confesó,  muy arrepentido por su actitud, que toda la historia que contó Crisis era verdad, aunque él nunca supo más de su primer amor y de que habían sido padres de una niña y terminó por reprimir sus sentimientos y seguir su vida como pudo, pese a que una nube negra siempre se cernía sobre su corazón. Ahora estaba dispuesto a cambiar todo eso.
Entonces, el abuelo Leal fue en busca de Crisis. Después de algunas indagaciones dio con la chica. La encontró en su casa, en cama, bastante grave de su enfermedad y le dijo:
- Sí, hija mía, yo soy tu padre y tú eres el fruto del amor que sentí por tu madre. Te doy tu lugar como mi hija y yo tomo el mío como tu padre. Siento todo lo que ocurrió y no haber estado para ti, pero, por favor, toma la vida de mí y el amor que existía, aunque no fuera consciente y llévalo a tu vida.
La chica sonrió y le dio las gracias. El resto de la familia también fue a visitarla y la reconocieron como parte de aquella. El abuelo Leal, su hijo, su nuera y sus nietos, junto con Crisis, visitaron la tumba de la madre de ésta y honraron su memoria y le dieron su lugar en su corazón
Sorprendentemente, Crisis mejoró en su estado de salud con el tiempo y pudo tener una relación cordial con su padre, conociéndole mejor hasta que éste falleció, tras unos años desde su primer encuentro.
También se recuperó rápidamente la hija mayor de la familia y su hermano reconoció que no quería seguir estudiando y que su ilusión siempre había sido tener un negocio propio de excursiones por la naturaleza, así que así lo hizo y resultó ser próspero y feliz.
El matrimonio Leal-Fiel se separó. La Sra. Fiel pudo estudiar y viajar como había deseado siempre. El Sr. Leal terminó casándose con su amante, su primer amor y llevaron una vida apacible y feliz.  Los hijos se sintieron bien por sus padres, que siguieron teniendo una relación cordial entre sí , y se alegraron por el bienestar de cada uno. Aunque ya no estuvieran juntos para ellos, los tenían disponibles como madre y padre, de forma independiente y para siempre.
Todos pudieron reconocer con el tiempo que la llegada de Crisis había sido una bendición para sus vidas.

Autor: Juan José Hervás Martín
Terapeuta y formador en constelaciones familiares y transgeneracional  
Centro Ailim

Admin - 19:37:51 @ Cuentos y otros escritos | Agregar un comentario

 
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